jueves, 23 de abril de 2015

Envejecimiento saludable y Alzheimer


JULIE LANDRY LAVIOLETTE

ESPECIAL/MIAMI HERALD



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Paul Herman, de 63 años y residente del norte de Miami, conoce de primera mano el dolor que provoca la enfermedad de Alzheimer. Su madre estaba en la etapa temprana de la enfermedad cuando murió en octubre de 2014.

Actualmente, Herman, inversionista de bienes raíces y quien disfruta de buena salud, está honrando la memoria de su madre participando en una prueba clínica para ayudar en la detección temprana de Alzheimer, en la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami.

“Para principios de la década de 2020, aproximadamente el 25 por ciento de la población del país será de la generación de la posguerra (baby boomers) y habrá una gran población de adultos mayores”, dice Herman.

El Alzheimer, la forma más común de demencia, está caracterizada por la pérdida progresiva de memoria y una disminución en la función mental. De acuerdo con la Asociación de Alzheimer, uno de cada diez estadounidenses de 65 años o más sufre de la enfermedad que afecta a 5.2 millones de personas en Estados Unidos.

Factores de riesgo

El mayor factor de riesgo es la edad, dice el Dr. Po-Heng Tsai, neurólogo de Cleveland Clinic en Weston. El cinco por ciento de las personas entre los 60 y 65 años están a riesgo. “Pero ese riesgo se duplica cada cinco a diez años, de forma que para el tiempo en que esa persona tiene 80, las probabilidades son casi de uno en dos”, comenta.

Tsai dice que tener un padre o hermano con demencia o Alzheimer, aumenta el riesgo de padecerlo de un diez a un 30 por ciento.

Algunos estudios sugieren que la falta de actividad física aumenta el riesgo, pero hay más evidencia de que los factores de riesgo vasculares tales como la presión sanguínea alta, la diabetes y el colesterol alto son también factores de riesgo para Alzheimer, expresa.

Prevención

En términos de prevención, hay estudios que apoyan una dieta mediterránea, rica en frutas y vegetales, para suplir al cuerpo con antioxidantes, además de pescado graso, nueces y aceite de oliva para suplir los ácidos Omega-3, dice Tsai.

Tener una dieta saludable es mejor que tomar suplementos, comenta. "Una razón es porque no sabemos si hay algo más en los alimentos además del compuesto aislado que puede ser de beneficio al cerebro", dice. "La otra preocupación es que recientemente se descubrió que algunos suplementos no contienen lo que dicen contener. No están regulados por la Administración de Alimentos y Drogas (FDA, por sus siglas en inglés)."

Se recomienda hacer ejercicios, pero no hay un régimen mejor que otro, dice Tsai. La clave es ser consistente. “Le digo a mis pacientes que estén físicamente activos de 20 a 30 minutos al día”, comenta. “El oxígeno en la sangre llega al cerebro cuando nos ejercitamos y sabemos que, al menos en los animales, esto estimula la producción de células nuevas en el cerebro”.

Eso no significa que tenga que ir al gimnasio todos los días, comenta Tsai. Incorpore la actividad física a su estilo de vida diario: estacione un poco más lejos cuando vaya de compras; tome las escaleras para subir un par de pisos en vez de utilizar el elevador; camine todos los días y camine intermitentemente de forma vigorosa.

Para el entrenamiento del cerebro, los ejercicios mentales tales como los rompecabezas, juegos o páginas de internet con ejercicios de entrenamiento cognitivo, pueden ayudar a estimular la formación de conexiones nuevas en el cerebro, dice Tsai.

Síntomas

Algunas veces usted olvida pagar una cuenta o toma un camino equivocado. “Todo el mundo tiene olvidos ocasionales, especialmente si no ha dormido bien la noche anterior o no ha tomado la taza de café mañanera, eso nos sucede a todos”, dice Tsai.

Pero si consistentemente olvida tomar su medicina o pagar las cuentas cada mes, o se pierde frecuentemente, entonces es más preocupante, comenta Tsai. Cuando busque señales pregúntese: ¿Afecta esto mi funcionamiento diario?

La Dra. Rosie Curiel, neuropsicóloga y profesora de psiquiatría y neuropsicología de la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami, dice que aparte de ser olvidadizo, un paciente puede tener problemas para realizar tareas múltiples. Pueden perder el hilo de la conversación y comenzar a repetir cosas.

Diagnóstico

Curiel comenta que normalmente un paciente visita a un neurólogo o a un psicólogo para buscar ayuda. En general, un paciente se somete a un examen neurológico y, a veces, a imágenes de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) del cerebro, para buscar tumores o causas para las lagunas en la memoria. En muchos casos, “se determinará a grandes rasgos si la persona es sintomática, que tiene demencia por Alzheimer”, dice Curiel. “Es muy general y no es sensible a otros factores como la depresión, que pueden contribuir a la pérdida de memoria”.

En la Universidad de Miami, cuando se hace un diagnóstico, también se documenta el historial familiar, las pruebas genéticas y el curso progresivo de retos. Un MRI del cerebro y el fluido espinal cerebral son examinados para detectar proteínas llamadas amiloides y tau que producen cambios degenerativos en el cerebro, dice Curiel.

Una forma de amiloide llamada beta amiloide se agrupa en “placas” que son tóxicas a las células nerviosas en el cerebro, dice el Dr. Ranjan Duara, director médico de enfermedad de Alzheimer y trastornos de la memoria de Mount Sinai Wien Center. Comenta que estas placas son uno de los indicadores de Alzheimer cuando el tejido cerebral de un paciente es examinado al morir.

Duara explica que, en promedio, toma cerca de 15 años luego de que la beta amiloide se deposita en el cerebro para que aparezcan síntomas de Alzheimer. Antes de eso, un PET Scan (Tomografía por Emisión de Positrones) puede determinar la cantidad de amiloide en el cerebro y dónde se localiza. Una punción lumbar puede determinar también si hay depósito de amiloide en el cerebro pero no dónde está localizado, dice.

Investigación

Duara comenta que hay varios estudios en proceso en Mount Sinai relacionados a la proteína amiloide.

Uno de ellos está dirigido a la prevención a través de la intervención temprana.

Duara dice que, hasta la fecha, han habido seis o siete pruebas clínicas en pacientes con Alzheimer de leve a moderado, utilizando anticuerpos que remueven amiloide del cerebro. “Todos ellos han fallado en cambiar el curso de la enfermedad, con excepción de uno”, comenta. En ese estudio, el anticuerpo retrasa el progreso de la enfermedad en pacientes con síntomas leves, en oposición a síntomas moderados.

“Eso refuerza el concepto de que mientras más temprano se trate, más probabilidades hay de que la intervención sea efectiva”, dice Duara. “El concepto era que si usted interviene muy tarde hay demasiado daño al cerebro… la proteína amiloide no tiene ya un impacto en el proceso de la enfermedad. Sin embargo, si la intervención es temprana, quizás cuando los individuos están completamente normales, usted puede intervenir de forma efectiva tan pronto detecta la proteína amiloide”.

Mount Sinai estudia a pacientes con niveles elevados de amiloide en el cerebro pero que no presentan síntomas. El estudio clínico aleatorio utiliza una infusión del anticuerpo o un placebo. El estudio de tres años y medio comenzó a mediados de 2014 y está examinando si el anticuerpo previene el deterioro en la función del cerebro, no atribuible al envejecimiento normal.

Otro estudio de personas con deterioro cognitivo leve busca atacar las enzimas que descomponen la proteína amiloide grande en beta amiloide, la forma tóxica de la proteína. Hay un estudio que comenzó hace un año y terminará en 2016 o más tarde.

Un tercer estudio, que comenzará en uno o dos meses, buscará mejorar la resistencia del cerebro a las toxinas como la amiloide y otras que producen enfermedad degenerativa del cerebro. “Este es un estudio que busca proteger las células nerviosas de daño”, menciona.

Curiel forma parte de un estudio del Centro de Envejecimiento de la Universidad de Miami, de adultos saludables de 63 años o más, como Paul Herman, para determinar si aquellos a riesgo de desarrollar Alzheimer pueden ser detectados antes de que se presenten los síntomas. El estudio de cinco años, que comenzó el 1 de febrero, busca marcadores cognitivos y biológicos y cómo se relacionan al deterioro cognitivo leve. Los participantes se someten a estudios para evaluar las habilidades cognitivas y funcionales, así como a pruebas genéticas y pruebas de niveles de amiloides en el fluido espinal cerebral durante un período de cinco años.

“Estamos tratando de detectar los cambios tempranos que ocurren en la población de adultos mayores, que los ponen a riesgo de desarrollar un trastorno de memoria”, dice Curiel.

“Estamos buscando vínculos y patrones que puedan ayudarnos a definir mejor lo que es envejecimiento saludable versus riesgo de disminución cognitiva”, dice Curiel.

En el mejor escenario, se usará la ciencia para desarrollar medicamentos para personas presintomáticas pero que tienen muchos factores de riesgo. “Medicamentos que puedan disminuir la velocidad, haciendo más lento el progreso hacia la demencia, de forma que las personas puedan vivir en forma saludable e independiente por el mayor período posible”, expresa.



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